miércoles, 26 de octubre de 2016

AMORIS LAETITIA

Ignoro realmente si la intención del papa Francisco es la que quiero distacar, pero en virtud de la autonomía que el texto tiene después de su publicación, realizo mi apunte.
Lo que el título me sugiere es la profunda alegría que produce el Amor. Amor con mayúscula y sin adjetivos. Y me conecta con el imperativo categórico de Kant, que, en el terreno ético e intelectual, lo hacía ley suprema. Pues bien, ese imperativo categórico en el terreno espiritual se llama Amor, del que la Fe sería un derivado. Obtenido por la Gracia sí, pero ofrecido incondicionalmente.
El gran tema de los creyentes es el DISCERNIMIENTO CRISTIANO, que no es otra cosa que esa mirada que descubre el imperativo categórico.
Para Kant el imperativo categórico era de cumplimiento ineludible; para un verdadero creyente se convierte en obediencia y entrega... ¡EN LIBERTAD!
El miedo a la libertad, que apuntaba E.Fromm, es un muro cada vez mayor para un mayor número de personas. No hay que olvidar que la libertad y la RESPONSABILIDAD son dos caras de la misma moneda. ¿Demasiado para un mundo líquido?



 Pero, si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley.  Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje,  idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones,  envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios.  
En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,  mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley.  Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias.
 Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu.
 No busquemos la gloria vana provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente.
Gal 6,16-26



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